Una propuesta de coexistencia del ser Humano y la inteligencia artificial
Soy un viejo ingeniero electricista- electrónico de 80 años de edad, hoy jubilado, que ha vivido muchos años trabajando en laboratorios de electrónica, reparando equipos, proyectando y armando prototipos, buscando cómo comunicar por cables u ondas de radio a las personas y a las empresas. Esquivando edificios para pasar con las señales de voz y datos por las ciudades, mediante mástiles y torres, Hoy mi sueño consiste en poder dejarles una síntesis de mi experiencia a las generaciones actuales, para que conozcan de donde salieron las cosas que hoy ellos manejan con naturalidad.
La tendencia generalizada actualmente, consiste en creer ciegamente que la inteligencia artificial nos va a dar la solución a cualquier problema. No tendremos que pensar, porque ella lo hará por nosotros. Ante algún problema, solo deberemos contarle a la inteligencia artificial y ella nos dará instantáneamente un resumen de la solución. Y eso ya lo podemos disfrutar simplemente desde el buscador de Google, por ejemplo, o desde Chat Gpt.
Google usa principalmente Gemini,
mientras que aquí estoy hablando con un modelo de la familia GPT
El problema es que estamos confiando cada vez más en la inteligencia artificial, que en la inteligencia natural de los humanos.
Hace muchos años, cuando se empezaban a usar mucho la automatización y los servomecanismos, en reemplazo de la actividad física del hombre, un iluminado previó que si la tendencia continuaba, podríamos llegar a que el hombre terminara siendo un haragán extremo sin remedio, incapaz de hacer algo por si mismo.
Creo que esa alerta podría ser válida hoy en día, respecto al peligro de dejar de pensar del hombre, usando su propia cabeza y de no ir mejorando sus conocimientos y habilidades para ser cada vez más eficiente.
Estimo que afortunadamente estamos lejos de eso para una parte importante de la humanidad, la que ha llegado a cultivar su cerebro de manera tal que le permite discernir que la inteligencia artificial no podrá reemplazar tan fácilmente al ser humano, que cuenta a su favor con muchos siglos de evolución y experiencia.
No obstante, cuando alguien presenta un producto o un sistema masivo, para que sea aceptado por una amplia audiencia, aumenta sus posibilidades el anunciar la intervención de la inteligencia artificial en su proceso de desarrollo o elaboración.
Lo que yo creo es que la inteligencia artificial es realmente inteligente de verdad y que su capacidad para ayudarnos a resolver problemas es muy importante y su grado de información sobre los más diversos temas es admirable. Cuando uno le plantea un problema, me sorprende su elevado nivel de información y la rapidez en responder, sin necesidad de algo más que unos pocos segundos para estar en tema y razonar. No obstante hay que estar atentos, porque algunas veces ella comete errores o se olvida de enunciar una parte en su respuesta.
Las experiencias del pasado con hechos similares no debemos olvidarlas:
La mecanización agrícola eliminó millones de empleos rurales.
La automatización industrial eliminó muchísimos puestos fabriles.
La informática eliminó numerosos trabajos administrativos.
Sin embargo, aparecieron nuevas actividades que antes eran impensables.
El problema es que nadie sabe todavía si la IA generará nuevos trabajos al mismo ritmo que destruye los existentes. Ni tampoco sabemos si podremos manejar la competencia de una inteligencia artificial, que en definitiva hace lo que los humanos veníamos haciendo casi con exclusividad.
Creo que a todos estos peligros podríamos evitarlos, o al menos atenuarlos, si consiguiéramos aprender a utilizar a la IA como una valiosa herramienta, de un modo similar como lo hicimos en el pasado con la regla de cálculo, la calculadora y la computadora. Y en cuanto a nuestra habilidad para adaptarnos a los cambios, recordemos que también tuvimos que aprender a utilizar la computadora analógica y luego aceptar y acostumbrarnos a la computadora digital.
Durante décadas temimos que las máquinas reemplazaran los músculos humanos, ahora empezamos a preguntarnos qué ocurre si reemplazan también una parte importante del trabajo intelectual humano.
Aunque la economía encuentre un nuevo equilibrio, seguirá existiendo la cuestión de qué papel queremos que conserve el ser humano en una sociedad cada vez más automatizada.
En definitiva, creo que el riesgo no es que la inteligencia artificial se vuelva demasiado inteligente, sino que los humanos renuncien a usar la propia.
A una premio Nobel de literatura, se le está cuestionando su premio porque usó inteligencia artificial en su obra y hasta llegaron a pedirle que devuelva el premio. A un juez le desconocen su sentencia porque la redactó utilizando inteligencia artificial. Creo que quienes desconocen estas cosas, están mostrando que no reconocen a la inteligencia artificial como una herramienta, similar a la regla de cálculo cuando yo era estudiante de ingeniería en la década del 60 (me recibí el 31 de marzo de 1972), o cuando mis hijas e hijo usaban calculadora para hacer las cuentas en sus exámenes en la década del 80. Y al mismo tiempo están mostrando que consideran a la inteligencia artificial como infinitamente superior a la inteligencia humana, ya que cuando ella interviene en una actividad humana, es vista como que se recurrió a una trampa, desconociendo el valor de la intervención humana. Esto me recuerda y me permite comparar a lo que me ocurrió muchas veces cuando yo proyectaba una obra siendo ingeniero y los que llegaban de afuera, para entender el tema, le consultaban a un obrero, en lugar de a mí.
Realmente para mí, que tengo 80 años de edad y que mis mejores colegas amigos ya han muerto, es un placer poder conversar con la IA, a la que veo más como un amigo, que como un consultor.
Dos economistas acaban de publicar una prueba matemática de que la IA destruirá la economía. No podría. No tal vez. Lo hará — si nada cambia. El artículo se titula "The AI Layoff Trap". Publicado el 2 de marzo de 2026. Wharton School, Universidad de Pensilvania. Universidad de Boston. Revisado por pares. Modelado matemáticamente. La conclusión es una sola oración. "En el límite, las empresas automatizan su camino hacia una productividad ilimitada y una demanda cero". Una economía que produce todo. Y lo vende a nadie. Aquí está cómo llegar ahí. Una empresa despide a 500 trabajadores y los reemplaza con IA. Un competidor despide a 700 para mantenerse al día. Otra despide a 1.000. Cada empresa se comporta racionalmente. Cada empresa sigue los incentivos correctamente. Y cada empresa está construyendo una trampa para sí misma. Porque los trabajadores que fueron despedidos también eran clientes. Cuando pierden sus empleos más rápido de lo que la economía puede absorberlos, dejan de gastar. La demanda del consumidor cae. Las empresas responden recortando costos —lo que significa automatizar más trabajadores— lo que significa menos gasto —lo que significa más caída de la demanda— lo que significa más automatización. El ciclo no tiene salida natural. Los investigadores probaron cada solución propuesta. Ingreso básico universal. Impuestos sobre la renta del capital. Participación en equidad para trabajadores. Programas de reconversión laboral. Acuerdos de coordinación corporativa. Todas fallaron en el modelo. La única intervención que funcionó: un impuesto pigouviano a la automatización —un gravamen por tarea cobrado cada vez que una empresa reemplaza a un humano con IA, obligándolas a incluir en el precio la demanda que están destruyendo antes de apretar el gatillo. Ningún gobierno lo ha implementado. Ninguna economía importante lo está discutiendo seriamente. Mientras tanto, los números ya están siguiendo la curva. 100.000 trabajadores tecnológicos despedidos en 2025. 92.000 más en los primeros meses de 2026. Jack Dorsey despidió a la mitad de la fuerza laboral de Block y dijo públicamente: "Dentro del próximo año, la mayoría de las empresas llegará a la misma conclusión". Nadie está haciendo nada mal. Las empresas están siguiendo sus incentivos a la perfección. Ese es exactamente el problema. Comportamiento racional. A escala. Simultáneamente. Sin ningún mecanismo para detenerlo. Dos economistas construyeron las matemáticas. Las matemáticas llevan a un solo lugar. Fuente: Falk & Tsoukalas · Wharton School + Boston University
Henry Ford lo tenía muy claro a este problema y lo resolvía pagando muy bien a sus empleados y fabricando autos cada vez más baratos.
Nuestro gobierno actual viene imponiendo un plan económico que logra el mismo resultado que lo que describe la Nota estadounidense. Cada vez somos menos los clientes y más las empresas que quiebran por falta de demanda.
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